Auto-felicidades

Con los años aprendes a ver solamente el lado bueno de las cosas, el aprendizaje, la experiencia… y lo que antes pudo suponer un trauma el cual arrastrar a lo largo de tu vida decides no cargar con ello más, te desprendes de lo que te hacia daño y decides que ya no siga afectándote porque no te dejaría avanzar, el pasado, pasado es y cada día es una nueva hoja en la que escribir, o dibujar.

Pasamos por grandes fases que te ponen a prueba y de ti depende superarlas y convertirte en guerrera, como pasar de ser reina de la clase a que te cambien de ciudad y peor aun de colegio, siendo pequeña sin entender el por qué abandonar a tus amigos de la infancia y sin dar ninguna explicación porque tú aun tampoco la tenías. Volver a empezar…

Que la vida te ponga el gran obstáculo de perdonar, día tras día ante continuas luchas y discusiones con tu madre por fantasmas del pasado que no te dejan sobrellevar un presente, pero al fin y al cabo sea eso, tu madre.

Poder al fin mirarse una al espejo, cuando pasaste de sentirte la mejor a un auténtico horror porque no te veías lo suficiente guapa o delgada cuando en realidad lo eras, al fin poder comerte una hamburguesa de 300 gramos y una tableta de chocolate, o más, sin remordimientos de conciencia y superar una enfermedad de trastorno alimenticio que no te dejaba vivir o tarde o temprano ibas a morir, por tu culpa.

Haber pasado de sacar las mejores notas y ser una alumna brillante a no acudir a clase porque te daba igual la vida, y poder decir que ya acabaste tu proyecto final de la universidad y sigues con proyectos ahora tuyos personales, labrándote un buen camino y futuro.

Haber tenido malas compañías y que siempre se te encienda la lucecita que te dice, vete de aquí, a tiempo, siendo selectiva aunque a veces hayas perdido la cabeza más de la cuenta.

Haber amado, de verdad, haber experimentado lo más tóxico y ahora al fin vivir la relación más sana jamás existente.

Haber perdido a una de tus mejores amigas, el dolor más desgarrador y aún así no haberlo echado todo a perder aún sintiéndote perdida, todo lo contrario, por ti y por mi.

Cambiar de ciudad, de país, ahora porque tú así lo decides, empezar… Con la cabeza bien alta, porque ya no hay día que no te recuerdes quién eres, porque lo cierto es que naciste para triunfar, y jamás te rindes.

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