Sinfonía

Salir a la calle, ponerte lo primero que llevas puesto. Empaparte de música aunque ni suene o la estés escuchando en esos auriculares viejos, pero el que no haya sonido no significa que no exista, cada paso por minúsculo que sea produce una nota.

Sigues caminando, el viento te remueve tu pelo que ni te has peinando, te produce cosquillas impregnadas de pura energía, cierras los ojos y haces una media sonrisa para tus adentros, escuchas algo, no sabes el qué pero te ofrece tanta información que ya puedes componer una canción.

Dejas de caminar, ahora te pones a correr sin aún saber cuando parar porque no lo habías planeado ni ibas a seguir ninguna ruta fija de esas que ni siquiera tienes. Vuelves a sonreír, pero esta vez gritas para tus adentros. La ansiedad se desvanece por unos instantes.

Paras, no hay nadie a tu alrededor más que una mujer con su bebé tirados en el césped. No hay peligro. Sigue sonando la música, ahora más fuerte, ya ni caminas ni corres, solo existes.

Por casualidad te encuentras con tu viejo amigo árbol, quizás ahí es donde querías llegar pero no lo sabías o no querías reconocer que le echabas de menos porque te da miedo el hecho de echar de menos. Sin más.

Cierras los ojos, otra vez, casi a ciegas y te fundes en él. Os abrazáis, te abraza como nadie lo ha hecho jamás y se te escapa una lágrima o quizás más.

…Qué más da, tarde o temprano lo van a talar y las canciones comerciales pasan de moda…

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