Destacado

Comienzos

Cuánto costáis comienzos.

Cuánto dejamos pasar el tiempo como si eterno fuera, posponiendo alarmas, posponiendo proyectos porque sentimos que aun no es el momento o no estamos preparados, por miedo al fracaso (como si naciéramos aprendidos) como si el tiempo sin intentarlo nos fuera a dar más madurez , cuando la realidad es que así lo único que conseguimos es alargar el momento, ese mal trago que irremediablemente tarde o temprano vamos a tener que pasar.

Cuánto costáis comienzos, haciéndonos querer creer que posponiendo va a ser sinónimo de disminución del nerviosismo, cuando realmente es todo el efecto contrario… Pero no, no os culpo comienzos, ni tampoco te culpo a ti por no hacer las cosas cuando tocan, porque ese instante en el que la oportunidad te salpica a la cara es tan relativo… Y a su vez es indicado escucharse a uno mismo dando el paso cuando crea oportuno, pero no esperes tanto a todo, que el tiempo se nos escapa… Es por eso que te animo a que comiences algo, lo que sea, sin pensar qué repercusión tendrá.

Mírame a mi, aquí estoy escribiendo todo y nada a la vez, porque de no ser así, si hubiera estado pensando día tras día cómo empezar mi blog, posíblemente habría terminado sin proyectar esa idea, sin materializar esa intuición o voz interior que me decía: escribe. O mejor dicho, no es que habría terminado sin escribir, es que no habría comenzado absolutamente nada.

Que poco costáis comienzos y cuánto costamos nosotros.

Mansión

A un paso estoy de caer en lo que sucedió ayer

y caí,

tan fácil volver a dar un paseo tras lo que pasó,

sin tener idea de lo que ocurre ahora.

No hago más que limpiar habitaciones de mi mente,

saco brillo y siguen teniendo polvo, telarañas

esforzándome por valorar este preciso instante

lo que parecía estar superado, suspendido está

lo intenté, lo intento, lo conseguiré

pero joder, ya no limpio habitaciones…

“Me enfrento a mansiones”

Comparte

Dicen que compartir es vivir y no puedo estar más segura de ello. No hablo de compartir cosas materiales, aunque dejarle un vestido a tu amiga sirva y entre dentro del término. Hablo más bien de compartir tu alma con alguien, tu ser, tu sabiduría, tus conocimientos, tus experiencias, tus miedos. Compartir es una de las palabras y hechos más bellos del mundo, pues qué sería de nosotros teniendo todo y nada a la vez.

Muchas veces no nos damos cuenta que el universo conspira a nuestro favor al ofrecerle la mano a alguien cuando la necesita a cambio de nada, que es más fácil compartir una sonrisa que entablar una discusión. Enseñar algo que has aprendido a base de cicatrices pudiendo evitárselas a alguien porque antes tú te adentraste en el camino menos indicado del bosque. Que si cedemos el único sitio libre del metro a alguien que lo necesita más que tú, tras unos segundos más tarde aparecerá un asiento reservado para ti.

Vamos siempre con tanta prisa por la vida entre tanta competencia, frustrados por llegar cuanto antes al destino que se nos escapan muchas cosas simples a la vista e increíblemente más importantes, donde se encuentra el verdadero sentido de la vida.

Nuestra historia personal tarde o temprano se cumplirá y cuantos más buenos actos apuntemos a la lista mágica, más abundancia atraeremos.

De luz

Sabes que las cosas cuestan, y mucho. Es por eso que dejaste de trabajar en la perseverancia porque a lo largo de tu vida decidiste priorizar, a veces mal, otras bien. Sabes lo que es tener éxito y por propia decisión tú misma te lo quitaste de las manos, porque buscabas otras cosas. Fuiste bastante masoquista, o quizás simplemente adolescente, empleando tiempo en aquellos y aquello que no debías. Te has frustrado, mucho, porque no eras tú u olvidaste quién eras, pero te llevaste buenas lecciones de vida más que aquella lección que no quisiste estudiar y suspendiste.

Ahora vuelves a trabajar en la perseverancia, porque vuelves a recordar quién eres. Cuesta, y mucho porque perdiste el hábito pero todo vuelve a cobrar luz, porque de eso mismo estas hecha.

Ahora

Como si de un insomnio se tratase. Dar vueltas y vueltas en la cama tras la madrugada porque aun estando dormida sigues pensando en lo que sucedió y sucederá al día siguiente, quizás. Esa canción que no para de repetirse una y otra vez en tu cabeza, en bucle y sin pausa, haciendo imposible quedarse en blanco aun sin saber lo que quiere decir. Al final de cuentas sentir indiferencia, pues tu conciencia está tranquila y solo te obsesiona la idea de seguir haciendo las cosas como las estás haciendo, y estás orgullosa de ello.

Te retuerces en la cama de tus pensamientos, entre sábanas hasta ponerte del revés, pero te recuerdas que ni duermes ni despiertas sola, que tienes a tu atrapa sueños al lado y estás en paz aun danzando la guerra que tú no empezaste y terminaste entre tus memorias.

Lo que pasó ayer, e incluso hace escasos segundos es inexistente. Recuerda que en tus manos está escribir lo que está sucediendo ahora, que esa canción que tanto molestaba ya paró y que eres maravillosamente libre en todos los sentidos.

Qué pasa

Qué nos pasa que cuando conseguimos lo que tanto queríamos nos adaptamos a ello tan rápidamente… Olvidamos cuánto costó e incluso cuanto extrañábamos la sensación. Te repites una y otra vez: a la próxima lo valoraré más.

Y en cambio una vez lo tienes, lo apartas de tu lista de deseos y quieres más, ya ni te interesa. Qué nos pasa que estamos hechos del mismo material que las estrellas y más aun de caprichos, de disconformidad, de ambiciones absurdas. Por qué nos empeñamos en llegar o aspirar a lo que no somos o tenemos en vez de parar el tiempo y vivir lo que está sucediendo, o también dar un pequeño viaje atrás y observar todo lo que hemos avanzado y mejorado.

Y en cambio qué nos pasa… Que nunca tenemos suficiente, que no hacemos más que subir escalones desesperadamente tropezándonos con todo lo que deberíamos cuidar y agradecer. Qué nos pasa a los que somos tan independientes que cuando estamos solos no nos sentimos realmente completos y cuando tenemos a alguien al lado no lo apreciamos. Qué nos pasa que a veces no nos soportamos a nosotros mismos.

Cómo poder convivir con la sociedad cuando no podemos ni convivir con nuestro yo 24 horas al día. Qué nos pasa que nos cansamos, aburrimos, queremos volver a empezar e incluso escapar cuando aun ni hemos terminado lo que habíamos comenzado.

Qué nos pasa que cuando tenemos un plan lo seguimos y a las puertas de las oportunidades nos quedamos, paralizados, como si nada del trayecto tuviera significado. Por qué tanta sed y tan mísero sacrificio. Por qué a veces tanto descontrol, tantas ganas de gritar, tan poca cordura. Por qué hoy no encontrarle sentido a nada y mañana querer comerse el mundo.

Qué nos pasa, qué me pasa…

Click

Lo que fue un sueño, se queda en eso… Un sueño. Real o no, lo fue para ti y experimentaste lo más parecido al interés, perfectamente idealizado y tóxico porque lo cierto es que crees que ese sueño podría haberte llevado a otro, que desapareciera algún que otro personaje, o cambiaran circunstancias pero nada lógico había en eso. Fuiste solamente la protagonista del suicidio emocional de la gran novela. Estaba a tu alcance despertar de ese sueño a tiempo o dejar que se convirtiera en pesadilla, pero te dejaste llevar un poquito que falta te hacía, decidiste seguir saltando por los algodones de azúcar olvidando quién eras.

Al fin, hiciste click al último algodón,

sonó la alarma de los buenos días,

no te arrepientes,

de nada.

Choque frontal

Ya no esperas nada de nadie, en el fondo jamás lo habías hecho… En cambio das oportunidades, y no pocas. Esperas a que respondan, algo te dice que todo mejorará pero esa exigencia que te caracteriza no es exigencia, porque lo que para ti es obvio, lógico o normal, por lo visto para otras personas no lo es. No esperas que sean como tú, simplemente que te den un pequeño porcentaje de lo que ofreces. La batería se agota y tu sola te recargas de energía, sin ayuda, sin esa mano que esperabas que te conectara tal y como tú hacías con ella y eso cansa, mucho.

Esperas y ahí te quedas, esperando… A que cambien, o algo cambie y el único cambio que aparece eres tú. A mejor, más consciente de invertir tu tiempo en ti y en quién realmente valora y demuestra cuánto significas para su mundo.

Gracias a los que están y a los que no te merecen también.